CERCA DEL INFINITO: NOCHES EN VELA

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NOCHES EN VELA

14 de octubre de 2013

- Mamá - llamó, apenas sosteniendo los ojos abiertos.
Su madre devolvió su atención a su pequeño angelito. Éste reposaba sobre la camilla de la habitación 319 de un hospital perdido, en un pueblo que ya no aparecía en los mapas.
Intentó evitar que el niño descubriese la pena que se escondía detrás de sus ojos, y forzó una sonrisa a modo de respuesta.
- ¿Por qué por las noches ya no sueño nada? - Parecía realmente preocupado.
Ella titubeó, sin saber qué responder.
- Cuando las personas tenemos muchos recuerdos en la cabeza, vamos borrándolos para que puedan caber otros. Y así siempre hay sitio para nuevos recuerdos. No es que no sueñes nada, es que no lo recuerdas al despertar. - Esbozó una sonrisa, encantada con el resultado de su improvisación.
El chico torció el gesto.
- A lo mejor es porque duermo muy poco. Papá no me deja dormir. Siempre viene por las noches.
La madre se llevó una mano a la boca a la vez que se disparaba su pulso.
Tartamudeó brevemente.
- ¿Qué... qué has dicho?
No pudo evitar dejar caer una lágrima.
- Papá viene por las noches a verme para que no duerma solo. Desde que llegamos al hospital viene todos los días.
Ella se levantó repentinamente, dejando caer su silla. No pudo evitar salir corriendo tras oir aquello.
- ¿Mamá? - Gritó el niño, asustado de ver a su madre salir con aquella prisa. - ¡¿Mamá?! - Gritó aún más fuerte a la par que su madre cerraba la puerta del baño con el cerrojo. - ¡¿Mamá?!
El niño comenzó a llorar al otro lado de la puerta, aterrado con la situación.
Ella se apoyó en la puerta, y se dejó caer hasta quedar sentada, con la cara en las manos, mientras lloraba desconsoladamente.
Tras unos instantes en los que ambos, él a voz en grito, y ella, en silencio; lloraron hasta quedar sin aliento.
Entonces ella, abrió la puerta, se arrodilló, dejando que el pequeño niño la rodease con sus bracitos y le devolvió el abrazo cálidamente, soltando las últimas lágrimas que se habían quedado rezagadas.
- ¿Qué te pasa mamá? - escupió el niño entre sollozos.
Cuatro días no eran suficiente para digerir el mal trago, y plantearse cómo contarle a su hijo que el accidente que le había llevado a aquel hospital era el mismo que había arrancado la vida a su padre.

¿Cómo explicarle que aquello que vivía por las noches no era más que un sueño?
¿Cómo explicarle que su padre no estaba, y que nunca volvería a estar?



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